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Blog: Saber volar

Teníamos veinte años, un Nissan Patrol viejo, guitarras y una batería. Nos fuimos a Tenerife a comernos la isla y la isla nos zampó sólo vernos. El Teide se reía desde su escenario de lava mientras nosotros sudábamos arena tocando en hoteluchos para pagar el alquiler de la casa que no teníamos. Uno se volvió a los 4 meses, otro a los 8 y otro a los 4 años. Yo pasé allí dos otoños. Desde entonces he ido prorrogando el momento de volver a la isla y enfrentarme a aquel adolescente de pelo largo y lágrima fácil. Al final, aprovechando que Ester y unos amigos iban para allá, compré el dichoso billete. Acabé el concierto de Zacarías e Iberia tuvo el detalle de hacerme volar a las 7 de la mañana (sí, no pude dormir). Por el azar, las ganas de comunicarnos y mis enormes ojeras la azafata acabó sabiendo que era músico. Me invitó a un vaso de agua y yo la invité a una maqueta del nuevo disco. Al cabo de unos minutos venía a decirme que el piloto quería conocerme y la acompañé a cabina. Allí me encontré con que el que pilotaba aquel gigante no sólo era el comandante Pablo Pelaez sino todo un compositor e intérprete de música clásica. Paradójicamente en el aire es un tipo con los pies en el suelo, templado, que aterrizó toneladas de hierro y almas con la facilidad y la exactitud con la que hacemos una llamada telefónica. En el suelo, sin embargo, por lo poco que pude oír en un Ipod, su sensibilidad, su fragilidad, su capacidad de volar en definitiva, son infinitas. Pablo Pelaez es un clásico del siglo XXI. Podemos escuchar a Chopin, Barbieri, Bach y emocionarnos, pero escuchar a Pablo es conmoverse por partida doble porque es gozar de la intensidad de la música clásica pero a través de una obra viva, que palpita y crece, la obra de un compositor que pisa el mismo asfalto que pisamos, que recoge las mismas sensaciones que olvidamos.

Descendimos hasta Los Rodeos con viento, sol y voces enlatadas. Se despidió de mí el comandante de las siete octavas con la misma dosis de modestia y elegancia que había derrochado durante todo el vuelo.

Pasé unos días en la isla descubriendo que la nostalgia no era tanta y la alegría mucha. Fui a encontrarme con mi pasado tinerfeño pero mi pasado había volado. Acabé tomando cañas con un  amigo escultor de Gran Canaria, Claudio Marrero, y mi hermano Carlos Montesinos. Él sí es de Tenerife pero nos habíamos conocido en París. A la vuelta de la isla entré en la página de Pablo Pelaez, le robé todo lo descargable y confirmé que a ras del suelo su música contiene la misma poesía que a 20.000 pies.  Darío Grandinetti buscaba en el Lado oscuro del corazón a la mujer que supiera volar. Quien quiera conocer a uno de los hombres que mejor sabe volar, así en la tierra como en el cielo, que no deje de clicar en:
www.gotasdeltiempo.org

19-01-2007

Blog: Tantos por ciento

Es domingo 7 de enero de 2007 por la tarde. Son las 6,30. Llevamos desde ayer intentando comprimir un vídeo, llamando a programadores de salas, diseñando carteles para los conciertos de Francia, cambiando las cuerdas a la guitarra, grabando cds para el guitarrista nuevo (Rafa está en Irlanda), repasando el inglés para hacerme entender un poquito en los conciertos de Europa, etc. Para el que todavía crea que “los músicos no trabajan” le invito a pasar un día conmigo. Este trabajo es un 50% de burocracia, 20% de ensayos, 29% de composición en soledad y un pequeño 1% de tensión-liberación encima de un escenario. Si hiciera ese cálculo con frialdad dejaría de ser músico. Si todo fuera una cuestión de cálculo tendría que aceptar que mi trabajo no me gusta. Si todo fuera una cuestión de gustos tendría que recalcular variables y cambiar de rumbo. Pero un día llega una persona y te dice que ha pasado unos días difíciles y que ha utilizado tu disco como terapia agridulce, que ha sentido una complicidad silenciosa, que se ha reído con alguna expresión, que la soledad de sus “macarrones con tomate” ha sido una soledad compartida. Otro día llega otro amigo y me dice que se pone mi segundo disco para follar (una canción concreta que no pienso reproducir para no daros ideas). Otro día otro amigo me da las gracias por una canción que en realidad no estaba dedicada a él. Y yo primero pongo cara de sorprendido pero luego asiento pensando que total, en realidad podría haber estado dedicada a él, porque el arte es un elemento en movimiento constante, con cientos de interpretaciones y caminos que elegimos a nuestro antojo. Y después de encontrarme a esas personas o de encontrarme a mí mismo en medio de algún párrafo, me doy cuenta de que ya nada tiene que ver aquí el cálculo ni los tantos por ciento ni lo que en realidad me gusta o no.  La única razón es que, me guste o no, para seguir sintiéndome honesto, después de haber encontrado una fórmula, un estilo, tengo que seguir traduciendo emociones, contagiando de ficción la realidad, buscando complicidades. Por eso mañana me levantaré y volveré a comprimir videos, llamar a programadores, diseñar carteles, cambiar cuerdas, grabar discos y tantos otros trabajos que en teoría no me gustan, trabajos a veces pesados y siempre necesarios, como eslabones grises de una cadena que acaba llevando mis miedos a tus miedos, tus versos a mis cuerdas, mis juegos a tu patio.

07-01-2007

Blog: Gritar ARTE

Un día una cantante de un programa que empieza por O y acaba por T me dijo llorando en un camerino: "es que no me distribuyen bien los discos y no vendo". Y yo estuve a punto de decirle: "Llora por cosas más importantes. Tienes ahí fuera más de 2000 personas esperando verte, niñas que proyectan parte de sus sueños sobre ti, 90 privilegiados minutos de escenario para transmitir cosas al tiempo que sientes una emoción indescriptible. Eso es lo importante. Lo demás son lucecitas de colores, show business." Pero al final le dije: "sí, está chungo esto de la distribución". No hay excusa que valga. Nada de "es que cierran las salas de conciertos", es que "me piratean los discos", etc. Claro que cierran los bares de conciertos. Los ayuntamientos prefieren mantener el silencio de los hogares de sus votantes para que a partir de las 22 h. éstos puedan ver tranquilamente la tele. Los que apagamos la cajita tonta, bajamos a la calle y buscamos cultura viva a veces nos olvidamos de votar o votamos en la dirección "equivocada". Claro que se piratean los discos. Después de pagar entre otras cosas 1000 euros de alquiler o de hipoteca nos queda para comprar algunos pocos discos que nos gustan (que tampoco son baratos). Los demás van cayendo del emule. Por eso por encima de todas las excusas, de todas las trampas, vamos a salir a la calle con guitarras, historias, coherencia, trabajo. Porque lo demás son luces de colores, cantantes de laboratorio, marionetas, cultura teledirigida. Porque el mundo es mejor cuando se canta sobre él, cuando se escribe sobre él, cuando se pinta sobre él, cuando sobre él se baila.  
Pirateadme, criticadme, escuchadme en mp3, pero no dejéis de asomaros a las puertas de los bares en los que suena música en directo. Dad una oportunidad a cualquier loco que a pesar de las excusas y las trampas se atreve a trabajar duro, a buscar complicidades, a gritar ARTE.

12-12-2006

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